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LA MALETA Más gritos, un golpe sobre la mesa, lágrimas, rabia, angustia, y después de todo... silencio. Y ahí está esa maleta amenazándome, recordándome todos los días que en cualquier momento ella se irá. Cuando me despierto, cuando vuelvo del trabajo, en todo momento, la maleta me mira, me atraviesa, me recuerda que lo que en otros tiempos fueron momentos felices, lo que un día fue un bonito proyecto, ahora se rompe en pedazos. Rectangular, apenas me llega la cintura, de color oscuro, casi negro, como el vacío del espacio, me grita en silencio que estoy solo. ¿Cómo puede caber en este pequeño espacio toda una vida? Otra discusión, más gritos, un portazo y la maleta ya no está. Y me sumo en la soledad, en silencio, sin maleta, sin ella.                                          ...
UN AMOR ESTRELLADO Antes de estrellarse contra el suelo, la miró con asombro. Saltaremos juntos -le había asegurado la bella bellísima-. Una. Dos. Y tres. Y él se precipitó. Y la bella bellísima le soltó la mano. Y desde lo alto, asomada bellísima en azul, le juró que le amaría hasta la muerte.                                                                                   Dulce Chacón, Suicidio o morir de error                                     
CARTA DEL ENAMORADO  Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez. JUAN JOSÉ MILLÁS
HABLABA Y HABLABA  Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro. MAX AUB