LA MALETA

Más gritos, un golpe sobre la mesa, lágrimas, rabia, angustia, y después de todo... silencio. Y ahí está esa maleta amenazándome, recordándome todos los días que en cualquier momento ella se irá. Cuando me despierto, cuando vuelvo del trabajo, en todo momento, la maleta me mira, me atraviesa, me recuerda que lo que en otros tiempos fueron momentos felices, lo que un día fue un bonito proyecto, ahora se rompe en pedazos. Rectangular, apenas me llega la cintura, de color oscuro, casi negro, como el vacío del espacio, me grita en silencio que estoy solo. ¿Cómo puede caber en este pequeño espacio toda una vida? Otra discusión, más gritos, un portazo y la maleta ya no está. Y me sumo en la soledad, en silencio, sin maleta, sin ella.
                                                                                                                           Ana Trebolle

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